Hay oficios que se aprenden en una escuela. Otros, observando. Y algunos, simplemente, se heredan sin que uno lo sepa... Desde pequeño Jesús Rodríguez (@bmbarbershop.cl), ya pasaba sus días dentro de una barbería. No cortaba cabello. Ni siquiera soñaba con ser barbero. Su trabajo era mucho más simple: hacer mandados y barrer el suelo.
"Lo primero que aprendí en una barbería fue a barrer. Mi papá decía que no es lo mismo barrer una casa que barrer una barbería".
Décadas después, sigue recordando esa enseñanza con la misma claridad que recuerda la forma en que su padre sostenía una tijera. Porque antes de convertirse en barbero, antes de emigrar a Chile y abrir su propio local, Jesús fue el hijo de Concepción (Kico) Rodríguez, un hombre que dedicó su vida a una barbería llamada Margarita, en la Isla de Margarita, Venezuela. Una barbería que terminó convirtiéndose en mucho más que un negocio familiar: una forma de entender el oficio.

Un legado que nunca estuvo en los planes
A diferencia de muchas historias familiares, Jesús nunca pensó que seguiría los pasos de su padre. Se fue a estudiar informática, trabajó en Caracas y construyó una carrera completamente alejada de la barbería. Durante años, su futuro parecía estar frente a una pantalla y no detrás de un sillón de barbería.
"Nunca dije: me voy a poner a trabajar con mi papá. Jamás". Pero la vida tenía otros planes. Tras varios años trabajando en informática, decidió volver a Margarita. Quería independizarse y abrir un negocio propio relacionado con la tecnología. Lo intentó, pero rápidamente descubrió que no era lo suyo.
"No soy de estar sentado y encerrado en una oficina. Me gusta compartir con la gente". Entonces ocurrió algo que hoy recuerda como una señal. El día que decidió hablar con su padre para decirle que quería trabajar en la barbería, sufrió un accidente antes de llegar a verlo. Al día siguiente, finalmente tuvo la conversación.
La respuesta de su padre todavía le provoca una sonrisa. "¿Y en qué momento aprendiste tú barbería?" Jesús respondió sin dudar: "Te estuve viendo trabajar toda mi vida". Y tenía razón.

El maestro que enseñaba con el ejemplo
Kico Rodríguez nunca obligó a su hijo a convertirse en barbero. Nunca lo presionó. Nunca le dijo que debía continuar el negocio familiar. Pero sí le enseñó algo fundamental: el respeto por el oficio. Desde pequeño le mostró cómo tomar una tijera correctamente. Le enseñó movimientos, posturas y técnicas que hoy Jesús sigue utilizando. Y aunque han pasado muchos años, todavía habla de él con admiración profesional. "He visto muchísimos barberos en mi vida y todavía no he visto a nadie que use la tijera como él". Lo dice convencido.
Porque más allá del cariño de hijo, reconoce el talento excepcional de un hombre capaz de realizar degradados completos únicamente con tijera, una técnica que considera prácticamente irrepetible.
Cuando la barbería era mucho más que cortar cabello
Para Jesús, una de las cosas que más ha cambiado en la barbería moderna no son las técnicas. Son las prioridades. Reconoce que hoy existen herramientas, cortes y conocimientos que antes no estaban disponibles. Sin embargo, cree que hay algo que no debería perderse jamás. La actitud. "Conocimiento más habilidad no son suficientes. Lo que multiplica todo eso es la actitud."
Habla de compromiso. Pero no del compromiso con un local. Ni con un jefe. Habla del compromiso con uno mismo. "Tu silla es tu negocio. Aunque el local no sea tuyo, esa silla es tu empresa."
Es una filosofía que heredó directamente de su padre, quien siempre le enseñó que el cliente es la razón de ser de la barbería. No el corte. No las redes sociales. No las modas. El cliente.
El ritual de la barba que se niega a desaparecer
Si hay algo que Jesús defiende con pasión, es el afeitado clásico. Mientras muchas barberías han simplificado el servicio, él sigue realizando el ritual prácticamente de la misma manera en que lo hacía su padre. Toallas calientes. Espuma. Navaja. Masaje facial. Y tiempo. Porque para él, una barba bien hecha no es un procedimiento rápido. Es una experiencia. "La barba es un ritual relajante".

Aunque ha incorporado nuevas tecnologías -como un masajeador térmico que alterna calor y frío para mejorar la experiencia final-, se niega a reemplazar aquello que considera esencial. "La barba se hace con toallas calientes". Lo dice sin espacio para negociaciones. Porque algunas tradiciones no necesitan actualizarse. Solo perfeccionarse.

Una tijera de 58 años
Cuando Jesús decidió emigrar a Chile, llevaba consigo algo más importante que cualquier maleta. Una tijera. La misma que su padre le regaló cuando comenzó a trabajar en la barbería. "Esa tijera tiene un año más que tú". Hoy sigue utilizándola. Es una tijera filarmónica española con más de medio siglo de historia.
Una herramienta que se ha convertido en símbolo de todo lo que representa su oficio. Y quizás también de algo más profundo: la continuidad.
BM: dos letras que cuentan una historia completa
Cuando abrió su barbería en Chile, Jesús sabía que quería rendir homenaje a su padre. Por eso eligió el nombre BM Barbershop. Las iniciales provienen de Barbería Margarita, el histórico local familiar fundado en Venezuela. Cada vez que un cliente pregunta qué significan esas letras, Jesús vuelve a contar la historia. La historia de Kico. La historia de Margarita. La historia de una barbería cuyo nombre existe desde 1956. Y la historia de un hijo que decidió mantener vivo ese legado a miles de kilómetros de distancia: "Mi barbería es como un memorial para él".
"Mi tarjeta de presentación es el corte que lleva el cliente"
Entre todas las enseñanzas que recibió de su padre, hay una que resume perfectamente su forma de entender el oficio. A Kico le preguntaban frecuentemente por qué no tenía tarjetas de presentación. Su respuesta era siempre la misma: "Mi tarjeta de presentación es el corte que lleva el caballero cuando sale".
Jesús sigue creyendo exactamente lo mismo. Por eso, cuando le preguntan cuál es su corte favorito, no habla de degradados, texturas o tendencias. Habla de satisfacción. "No hay un corte que me guste más. Lo que me gusta es ver al cliente contento cuando sale".
Más que una barbería
Ubicada en Lo Barnechea, BM Barbershop combina elegancia clásica con técnicas modernas. Pero lo que realmente distingue al lugar no son sus herramientas ni su decoración.
Es la historia que vive dentro de él. La historia de un hombre que aprendió a barrer antes de aprender a cortar. La historia de un padre que nunca obligó a su hijo a seguir sus pasos. Y la historia de un legado que cruzó fronteras para mantenerse vivo.
Porque algunas barberías cortan cabello. Otras conservan historias. Y en BM Barbershop, cada corte sigue contando la misma historia que comenzó hace más de 70 años en una pequeña barbería llamada Margarita.


