El accidente que marcó el antes y después del cabello de Michael Jackson

El accidente que marcó el antes y después del cabello de Michael Jackson


El 27 de enero de 1984, durante la grabación de un comercial para Pepsi en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, un fallo en la sincronización de la pirotecnia cambió la historia de Michael Jackson. Las cargas explotaron antes de tiempo y las llamas alcanzaron su cabello, provocándole quemaduras de segundo grado en el cuero cabelludo. Aunque el artista continuó la escena sin detenerse -un gesto que muchos recuerdan como parte de su disciplina-, las consecuencias fueron reales: intervenciones médicas, tratamientos prolongados y una nueva relación con el cuidado capilar.

Hasta ese momento, su imagen había estado marcada por el afro natural de la era de los The Jackson 5: volumen, textura y una identidad profundamente ligada a su origen. Pero tras el accidente, el cabello de Jackson comenzó a transformarse en paralelo a su carrera. En la era de Thriller, adoptó el icónico Jheri curl, un estilo químicamente tratado que requería hidratación constante para mantener ese acabado húmedo y brillante que definió toda una década. No era solo estética: era técnica, mantenimiento y construcción de imagen.

Con Bad, el cambio fue evidente. El cabello se volvió más corto, estructurado y controlado, alineándose con una estética más agresiva y urbana. Luego, en Dangerous y etapas posteriores, el look evolucionó hacia un pelo más largo, liso y coreografiado, pensado para acompañar el movimiento en escena y reforzar un personaje global que ya no dependía de la naturalidad, sino del diseño. Cada etapa no solo respondía a tendencias culturales, sino a decisiones conscientes sobre cómo proyectar su identidad frente al mundo.


Mirar hoy esa evolución, especialmente en el contexto del estreno de una nueva película sobre su vida y música, permite entender que el cabello nunca fue un detalle menor. Fue un lenguaje visual que acompañó cambios físicos, decisiones estéticas y momentos clave de su carrera. Y aunque no siempre se puede elegir lo que le ocurre al pelo -accidentes, genética o tiempo-, sí se puede decidir cómo cuidarlo. Porque, al final, el estilo no es solo cómo se ve: es cómo se construye.

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